miércoles, octubre 17, 2007

La fuerza de la Paternidad

Por Daniel

Yo tuve dos padres espirituales. Ambos de generación Silente y ambos murieron hace menos de cinco años. Eran como las dos caras de una moneda, tan diferentes y al mismo tiempo tan complementarios. Uno de ellos marcó mi vida respecto a la importancia y relación con la Iglesia local. El otro, marcó mi vida respecto al trabajo interdenominacional. Estas facetas crecieron en mí como dos grandes ríos que corren paralelos y que desembocan en ese mar precioso que es el Reino de Dios. Sin embargo, no se puede navegar toda la vida por ambos.

De aquel viejo pastor que me formó en el orden de la Iglesia local, recibí además de buenas lecciones y el ordenamiento al pastorado, algunas malas experiencias en su paternidad espiritual. En algún momento le ganó la simiento de Caín, se puso desconfiado y tuve que tomar distancia. Antes de que me ungiera, cuando las cosas todavía no se habían complicado, me dijo que él creía que estaríamos en ese ministerio unos 10 años y luego Dios nos llevaría a otra cosa. La verdad es que mi esposa y yo nos olvidamos de sus palabras, pues ya habíamos decidido continuar el resto de nuestras vidas al frente de la congregación.

Por la otra parte, la cobertura, entrenamiento y compañía que recibí de mi guía interdenomicional, no tuvo término. Fue un gran padre espiritual hasta el último día de su vida y no solo puso su manto sobre mí, sino que lo extendió sin límite. Creo que él me imaginó haciendo este trabajo hasta el final.

Durante 15 años he trabajado en el ministerio fuera de la Iglesia local y de esos, unos 10 años lo combiné con el pastorado. Sin embargo, conforme el tiempo pasó y las exigencias del ministerio se incrementaron, nos vimos en la necesidad de tomar un derrotero. ¿Cuál sería? ¿Trabajaríamos el resto de nuestras vidas al frente de una Iglesia local, o nos dedicaríamos al trabajo externo con toda denominación?

Ahora me doy cuenta que antes de que yo lo entendiera, eso ya estaba decidido. Creo que Dios ha tenidoun plan específico para nuestro trabajo interdenominacional; pero también creo que mis padres espirituales dieron cada uno a su forma, palabra profética al respecto y determinaron en parte, nuestro futuro. Mientras que uno limitó el alcance de su bendición, el otro la extendió sin reservas. Si hubiera sido a la inversa, quizá seguiríamos en el pastorado.

Sé que los próximos años ayudaremos en la formación de ministerios e iglesias emergentes. Impulsaremos a plantadores de Iglesias para las nuevas generaciones, seguramente ordenaré a algunos al pastorado, e incluso podremos dar cobertura a otros. Sin embargo, veo poco probable que regresemos al frente de una Iglesia local. Al menos en unos años.


Predicando en el culto de despedida.

El manto del buen padre se extendió para bendecirnos y yo al igual que Eliseo, pedí mi doble porción y me tocó. Para el futuro, anhelo encontrar en el camino a mis propios hijos espirituales y entregarles lo que tengo. Quiero algunos que reproduzcan iglesias emergentes y otros que aprendan a trabajar ministerios emergentes en el medio interdenominacional. ¿Dónde están esos hijos?