martes, agosto 26, 2008

¿Cuál verdad?


Caminar en la verdad de Dios y no en la nuestra no es cosa fácil. ¡Somos tan propensos a dirigirnos por nuestras personales convicciones, tan vulnerables a nuestro propio corazón! Podemos estar seguros de nuestras mentiras (verdades para nosotros) y vivir engañados en alguna área de nuestra vida. Bien dice la Biblia que "el corazón del hombre es engañoso". Y cada vez que cedemos ante una mentira que nos contamos nos volvemos esclavos de ella y la única forma de salir es regresando a "la verdad". Jesús dijo: "Conocerán la verdad y ella les hará libres".

Pero, ¿qué hacemos cuando la verdad se vuelve itinerante? En el mundo posmoderno no hay "una verdad", por el contrario, cada uno vive en su particular versión de ella. Las cambiantes convicciones personales se convierten en la regla única de cada persona. La verdad absoluta ha sido cambiada por la verdad individual, tan valiosa y respetable como la del otro. La Iglesia tiene un reto sin precedentes. Compartir la única verdad que no cambia, a un mundo de valores relativos que siempre está cambiando. Llevar el evangelio a una generación posmoderna que no tiene filiación con la verdad absoluta y por lo tanto, menosprecia la cosmovisión cristiana y los valores del evangelio.

Pero creo que el reto más grande ni siquiera está ahí. ¿Dónde entonces? Dentro de la Iglesia misma. Antes de intentar "convencer" al mundo de la verdad del evangelio, debemos luchar contra nuestra falta de unidad dentro de las congregaciones y entre denominaciones diferentes. Esta falta de unidad viene precisamente de nuestra incapacidad para unirnos en la verdad esencial y respetar las diferencias no esenciales. Nuestra "verdad denominacional", nuestra "verdad histórica", nuestra "verdad generacional" y hasta nuestra "verdad personal", intentan prevalecer contra la verdad de otros.

Resolvamos el asunto de una vez por todas y repitamos aquella máxima tan citada: "En lo esencial unidad, en lo no esencial diversidad, pero en todo amor". Si la verdad de Cristo prevalece en lo esencial, y dejamos la necedad de intentar imponer convicciones personales donde Dios permite diversidad de opiniones, entonces podemos dar el siguiente paso.

Este tema será esencial para el futuro de la Iglesia pues solo al aplicar estos principios podremos construir Ministerios Emergentes doctrinalmente sanos y culturalmente relevantes para las nuevas a las generaciones.

1 comentarios:

antonio moreno dijo...

enverdad creo que Cristo pidio que fueramos uno asi como el y el padre eran uno para que el mundo creyera en Cristo,por lo cual debemos orar y buscar la manera de unirnos en fe y propocitovicion i micion.