viernes, mayo 01, 2009

¿Y SI NOS DEJAMOS INFLUENCIAR?


Que si el contagio, que si la economía se cae, que si no puedo salir a la calle y ya me aburrí en la casa, que si tengo qué usar tapaboca todo el tiempo, que si me duele la cabeza ya me puse nervioso. Ups!! . . . Millones de mexicanos y cada vez más personas de otros países somos golpeados por esta variante de influenza que está cobrando ya decenas de vidas.

Creo que no hay mucho qué aportar más allá de lo que ya se ha dicho en cuanto a formas de contagio, medidas de seguridad o atención a los enfermos. Por mi parte, también ya escuché suficiente sobre teorías del complot y mensajes apocalípticos. Sin embargo, mientras me pongo el tapaboca y manejo extrañamente rápido por avenida Insurgentes, me doy cuenta de algunas lecciones positivas que nos deja este invasor corporal, las cuales haríamos bien en preservar.

La ciudad se volvió más lenta. Con cientos de miles de chilangos encerrados, evitando el centro comercial, el cine, el cafecito o el parque, todo se mueve más tranquilo en estos días. Me recordó al movimiento europeo del “slow attitude” que busca contrarrestar esta tendencia “fast” tan consumista. No puedo negarlo. He disfrutado una ciudad más lenta.

Y cuando nos mandaron a casa en pleno puente, sin ánimo de gastarnos fuera el poco dinero que queda, nos descubrimos de nuevo en familia. Comiendo lo que hubiera con los nuestros. Platicando en sobremesa por horas. Muchos tuvieron qué asomarse al fin de semana que terminará hasta el martes y planear cómo aprovecharán el tiempo “en casa”. Los Blockbuster hacen su agosto y a la tele le quedan largas horas de servicio.

Y afuera, el sentido de comunidad aumenta. No diría que se trata de “compromiso social”, porque es más bien un egoísmo básico para preservar la salud. Sin embargo, retomamos estas reglas esenciales de convivencia que nos haría bien mantener. ¡No le estornudes en la cara al vecino! ¡Lávate las manos! ¡Si te sientes mal, atiéndete por el bien de todos!. . . Vaya novedades, ¿no es cierto?

¿Gastar?. . . A no ser que sea para atender las compras de pánico, la mayoría se aprieta el cinturón “por si las dudas”. No es tiempo de gastar de más. Y eso me recuerda aquella recomendación divina que hoy nos suena tan incomprensible: “Si tienes qué comer y qué vestir, mantente contento”. Pero, ¿qué haremos mañana? ¿Habrá trabajo? ¿Mejorará la situación?. . . Pues lo que dice Dios es básicamente: Confía. Y mientras tanto, disfruta lo que tienes.

¿Y la vida religiosa?. . . Se cancelan lo cultos, se cierran los templos, no hay pastores ni curas. Claro, el domingo. ¡Qué otro día sería! Pero, ¿no templo? ¿No día santo? ¿No líder religioso? Mientras algunos se enojaron por la falta de fe al cancelar la reunión y otros simplemente se tomaron vacaciones espirituales, unos cuantos decidieron ponerse creativos. ¡Gracias por ellos! Transmitieron sus actividades por Internet, contrataron un programa de radio, decidieron reunirse en casas en grupos pequeños y verse algún día que no fuera domingo. ¡Tenía qué caernos la influenza para darnos el empujón y aflojar nuestros tres grandes candados! Somos tan pastorceéntricos, templocéntricos y cultocéntricos. ¡Aprendamos ya a hacer ministerio de otra forma!

Entonces, ¿cómo enfrentar la influenza? Las recomendaciones sanitarias espero que las sepamos de memoria, pero hablando de recordar cosas, yo anhelo que luego de librar esta bronca, se nos quede el buen hábito de llevárnosla tranquila, disfrutar más de la familia, tener un mejor sentido de comunidad, contentarnos más con menos y practicar un cristianismo fuera de nuestros paradigmas clásicos. De estas cosas, sí vale la pena dejarse influenciar.